Si ya lo decía Maslow…
Trabajar se ha trabajado toda la vida, pero hasta 1943 no fue cuando se desarrolló una de las principales teorías sobre la motivación del ser humano. La pirámide de Maslow.
Desde un prisma empresarial, viene a decir que, la motivación del trabajador se inicia con satisfacer sus necesidades más básicas (alimentación, descanso, seguridad…), pero una vez se cubren estas necesidades, tiene deseos más elevados (respeto, éxito, creatividad…).
Trabajar se ha trabajado toda la vida, pero hasta 1943 no fue cuando se desarrolló una de las principales teorías sobre la motivación del ser humano. La pirámide de Maslow.
Desde un prisma empresarial, viene a decir que, la motivación del trabajador se inicia con satisfacer sus necesidades más básicas (alimentación, descanso, seguridad…), pero una vez se cubren estas necesidades, tiene deseos más elevados (respeto, éxito, creatividad…).
Por tanto, se me hace cuanto menos curioso, que con todo lo
que se ha descubierto desde entonces sobre la motivación laboral, sea ésta uno
de los principales problemas a la hora de la productividad. En tiempos de
dificultades económicas, no paro de escuchar a gente que está desmotivada con
su trabajo. Ellos mismos se auto-consuelan con la ya desgastada frase “al menos tienes trabajo” resignándose a sí mismos e intentando entender
la pirámide de Maslow. Pues bien, todo apunta a que es aquí donde la propia sociedad (y no hablo
solo de sociedad empresarial), se pone manos a la obra, y cual grúa en mano,
convierten la famosa pirámide del gran Maslow en un soso “Trapecio”. El contexto les empuja a que entiendan que la pirámide
ya no es tal, y que si la cosa va fea, el Trapecio de Maslow es lo tuyo.
Nadie puede negar que no hay dinero, de eso sí que estamos seguros
todos (por lo menos no en el bolsillo empresarial medio) pero si algo sabemos,
y se ha demostrado en el campo de la psicología del Trabajo desde hace décadas,
es que el dinero, es necesario (indudable) pero no suficiente. Es un reforzador
muy temporal y superficial, pero a veces nos empeñamos en pensar que es el
único. No paran de salir encuestas en las que el trabajador prefiere quedarse
con su sueldo actual a cambio de mejorar su ambiente laboral, sus beneficios
sociales, su respeto, su formación o su valía.
Cuando hace ya unos cuantos años me incorporé al tejido empresarial,
mi madre, (como todas, sabia infinitamente) me comentó: “hijo, en el colegio te dicen lo que va bien y mal, pero en el trabajo, si
no te dicen nada, todo va bien”.
¿Quién ha creado esta norma? ¿Qué bicho malo la ha fabricado?,
no entiendo como algo que te motiva a los 17 pueda dejar de hacerlo a los 18.
Teniendo en cuenta que incluso con 17 no ganas dinero y con 18 sí. Muy fuerte
tiene que ser ese motivador…
Todo esto viene porque hace poco he leído un artículo muy
interesante en el que se muestra que los trabajadores con discapacidad
presentan una satisfacción laboral muy superior a la media. Aquí el artículo
¿Cómo es posible que una persona que tiene una dificultad
ajena a su voluntad que le limita en muchos aspectos de su vida pueda tener una
satisfacción laboral superior al resto? La respuesta desde mi punto de vista es
sencilla, se ha trabajado por lograr el contexto adecuado.
Los trabajadores con discapacidad tendrán por tanto, de
forma ponderada, un porcentaje de productividad mayor al resto de trabajadores.
Mientras, en el común de las empresas siguen recortando
motivadores ajenos a la crisis; se pierde el respeto, el valor del equipo, el
buen ambiente, la creatividad, el grupo,…, la norma pasa a ser: como estamos en
malos tiempos debemos arrastrar una cara acorde al clima económico… Buena política
sí señor.
Mientras no veamos que la consecución de objetivos es cosa
de ambas partes (directiva-empleados), y la motivación es indispensable para la productividad, los mismos (los objetivos) no pararán de caer, y entraremos en una
peligrosa espiral en la que no hay
dinero - se genera menos dinero y así sucesivamente.
Si tienes una empresa, si formas parte de un equipo
directivo, o si como trabajador crees que puedes hacer algo al respecto, les
instigo a ser creativos, no hace falta desembolsar grandes cantidades de dinero
(cuanto más creativo menos dinero hace falta) para mejorar un contexto. Si se
dedican 2 minutos a explicar a cada empleado lo que hace bien y la importancia
de su trabajo, se ahorrarán 10 minutos en explicar lo que se hecho mal.
Ayuda a tu propia empresa a devolverle la CIMA al Trapecio,
cuanto más arriba nos sintamos todos, más lejos llegaremos. Desmontemos la
resignación.
¡¡No todo lo hace el dinero!!


